jueves, 17 de abril de 2014

Evangelio 17-04-2014

Jueves Santo de la Cena del Señor
(17 de abril de 2014)


(Juan 13, 1-15)


Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando (ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara) y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro y éste le dijo:

—Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?

Jesús le replicó:

—Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.

Pedro le dijo:

—No me lavarás los pies jamás.

Jesús le contestó:

—Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.

Simón Pedro le dijo:

—Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.

Jesús le dijo:

—Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos." (Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: "No todos estáis limpios".)

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

— ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "El Maestro" y "El Señor", y decís bien, por que lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.

Palabra del Señor.

domingo, 13 de abril de 2014

Evangelio 13-04-2014

Domingo de Ramos
(13 de abril de 2014)


Procesión de Palmas
(Mateo 21, 1-11)

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó dos discípulos, diciéndoles:

-- Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, desatadlos y traédmelos. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto.

Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta: "Decid a la hija de Sión: 'Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en un asno, en un pollino, hijo de acémila'."

Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. La multitud extendió sus mantos por el camino; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba:

-- ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en el cielo!

Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad preguntaba alborotada:

-- ¿Quién es éste?

La gente que venía con él decía:

-- Es Jesús, el Profeta de Nazaret de Galilea.
Palabra del Señor.

Misa del día
Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Mateo (26, 14-27, 66)

C. En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:

S. -- ¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?

C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.

C. El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:

S. -- ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?

C. Él contestó

+ -- Id a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: "El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos."

C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua.

C. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo:

+ --Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.

C. Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro:

S. -- ¿Soy yo acaso, Señor?»

C. Él respondió:

+ -- El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.

C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:

S. -- ¿Soy yo acaso, Maestro?

C. Él respondió:

+ --Tú lo has dicho.

C. Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

+ --Tornad, comed: esto es mi cuerpo.

C. Y, cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias y se la dio diciendo:

+ -Bebed todos; porque ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos para el perdón de los pecados. Y os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo en el reino de mi Padre.

C. Cantaron el salmo y salieron para el monte de los Olivos.

C. Entonces Jesús les dijo:

+ -- Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque está escrito: "Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas del rebaño." Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea.

C. Pedro replicó:

S. -- Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás caeré.

C. Jesús le dijo:

+ -- Te aseguro que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.

C . Pedro le replicó:

S. -- Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.

C.- Y lo mismo decían los demás discípulos.

C. Entonces Jesús fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:

+ -- Sentaos aquí, mientras voy allá a orar.

C. Y, llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse.

Entonces dijo:

+ -- Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo.

C. Y, adelantándose un poco, cayó rostro en tierra y oraba diciendo:

+ -- Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.

C. Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos.

Dijo a Pedro:

+ -- ¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y orad para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne es débil.

C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:

+ -- Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.

C. Y, viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque tenían los ojos cargados. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba, repitiendo las mismas palabras.

Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:

+ --Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca la hora, y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega.

C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. El traidor les había dado esta contraseña:

S. -- Al que yo bese, ése es; detenedlo.

C. Después se acercó a Jesús y le dijo:

S. -- ¡Salve, Maestro!

C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:

+ -- Amigo, ¿a qué vienes?

C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para detenerlo. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.

Jesús le dijo:

+ -- Envaina la espada; quien usa espada, a espada morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría enseguida más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura, que dice que esto tiene que pasar.

C. Entonces dijo Jesús a la gente:

+ -- ¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como a un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo, no me detuvisteis.

C. Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que escribieron los profetas. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron y huyeron.

C. Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo sacerdote, donde se habían reunido los escribas y los ancianos. Pedro lo seguía de lejos, hasta el palacio del sumo sacerdote, y, entrando dentro, se sentó con los criados para ver en qué paraba aquello.

Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos, que dijeron:

S. -- Éste ha dicho: "Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días."

C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:

S. -- ¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti?

C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:

S. -- Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios.

C. Jesús le respondió:

+ --Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: Desde ahora veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo.

C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo:

S. -- Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?

C. Y ellos contestaron:

S. -- Es reo de muerte.

C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon; otros lo golpearon, diciendo:

S. -- Haz de profeta, Mesías; ¿quién te ha pegado?

C. Pedro estaba sentado fuera en el patio, y se le acercó una criada y le dijo:

S. --También tú andabas con Jesús el Galileo.

C. Él lo negó delante de todos, diciendo:

S. -- No sé qué quieres decir.

C. Y, al salir al portal, lo vio otra y dijo a los que estaban allí:

S. -- Éste andaba con Jesús el Nazareno.

C. Otra vez negó él con juramento:

S. -- No conozco a ese hombre.

C. Poco después se acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro:

S. -- Seguro; tú también eres de ellos, te delata tu acento.

C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar, diciendo:

S. -- No conozco a ese hombre.

C. Y enseguida cantó un gallo. Pedro se acordó de aquellas palabras de Jesús: «Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces.» Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

C. Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y, atándolo, lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador.

C. Entonces Judas, el traidor, al ver que habían condenado a Jesús, sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y ancianos, diciendo:

S. --He pecado, he entregado a la muerte a un inocente.

C. Pero ellos dijeron:

S. --¿A nosotros qué? ¡Allá tú!

C. Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y fue y se ahorcó. Los sumos sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron:

S. -- No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas, porque son precio de sangre.

C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama todavía «Campo de Sangre». Así se cumplió lo escrito por Jeremías, el profeta: «Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del Alfarero, como me lo había ordenado el Señor.»

C. Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le preguntó:

S. --¿Eres tú el rey de los judíos?

C. Jesús respondió:

+ --Tú lo dices.

C. Y, mientras lo acusaban los sumos sacerdotes y los ancianos, no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:

S. -- ¿No oyes cuántos cargos presentan contra ti?

C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el que la gente quisiera. Había entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando la gente acudió, les dijo Pilato:

S. -- ¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a Jesús, a quien llaman el Mesías?

C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y, mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:

S. -- No te metas con ese justo, porque esta noche he sufrido mucho soñando con él.

C. Pero los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús.

El gobernador preguntó:

S. -- ¿A cuál de los dos queréis que os suelte?

C. Ellos dijeron:

S. -- A Barrabás.

C . Pilato les preguntó:

S. -- ¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?

C. Contestaron todos:

S. -- Qué lo crucifiquen.

C. Pilato insistió:

S. -- Pues, ¿qué mal ha hecho?

C. Pero ellos gritaban más fuerte:

S. -- ¡Qué lo crucifiquen!

C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario, se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia de la multitud, diciendo:

S. -- Soy inocente de esta sangre. ¡Allá vosotros!

C. Y el pueblo entero contestó:

S. -- ¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!

C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

C. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y, doblando ante él la rodilla, se burlaban de él, diciendo:

S. -- ¡Salve, rey de los judíos!

C. Luego le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella la cabeza. Y, terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

C. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere decir: «La Calavera»), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su ropa, echándola a suertes, y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de su cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

C. Los que pasaban lo injuriaban y decían, meneando la cabeza:

S. -- Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz.

C. Los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también, diciendo:

S. -- A otros ha salvado, y él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de la cruz, y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?

C. Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.

C. Desde el mediodía hasta la media tarde, vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:

+ -- Elí, Elí, lamá sabaktaní.

C. (Es decir:

+ -- Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?)

C. Al oírlo, algunos de los que estaban por allí dijeron:

S. -- A Elías llama éste.

C. Uno de ellos fue corriendo; en seguida, cogió una esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio a beber.

Los demás decían:

S. -- Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo.

C. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.



C. Entonces, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; la tierra tembló, las rocas se rajaron. Las tumbas se abrieron, y muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó, salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a muchos.

El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, el ver el terremoto y lo que pasaba, dijeron aterrorizados:

S. -- Realmente éste era Hijo de Dios.

C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderlo; entre ellas, María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los Zebedeos.

C. Al anochecer, llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Éste acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí, sentadas enfrente del sepulcro.

C. A la mañana siguiente, pasado el día de la Preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y le dijeron:

S. -- Señor, nos hemos acordado que aquel impostor, estando en vida, anunció: "A los tres días resucitaré." Por eso, da orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos, roben el cuerpo y digan al pueblo: "Ha resucitado de entre los muertos. La última impostura sería peor que la primera.”

C. Pilato contestó:

S. --Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis.

C. Ellos fueron, sellaron la piedra y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro
.

Palabra del Señor.

sábado, 12 de abril de 2014

Sábado de Pasión

Hoy, día 12 de abril, Sábado de Pasión, la Iglesia Parroquial de San José Obrero y San Francisco de Paula permanece abierta de 9:30 a 13 horas para la visita de las sagradas imágenes dispuestas en sus pasos procesionales.

Nuestra Hermandad realiza D. m. estación de penitencia como Cofradía de Nazarenos, recorriendo la feligresía de San José Obrero.

La hora de salida de la Cruz de Guía es las 17:30 h. siguiendo el itinerario siguiente:  Samaniego, Iriarte, Nicasio Gallego, Imaginero Luis Álvarez Duarte, Guanahaní, Padre Isla, Samaniego, Filpo Rojas, San Juan Bosco, Jabugo, Pinta, Mamá Margarita, Maestro Gómez Zarzuela, José María de Mena, Vicente Alanís, Sebastián Gómez, Juan de Uceda, Pablo de Rojas, Alonso Martínez, Conde del Águila, Rafael Laffón, Vicente Alanís, Arroyo, Turdetania, Argantonio, Imaginero Luis Álvarez Duarte, Nicasio Gallego, Iriarte, Samaniego. La Cruz de Guía prevé su llegada al Templo a las 23:30 h.
 
El acompañamiento musical estará formado por la A. M. Nuestro Padre Jesús de la Salud tras el paso del Señor, y la Banda de Música Virgen del Castillo, de Lebrija, tras el paso de palio de la Santísima Virgen. Las cuadrillas de costaleros de ambos pasos estarán dirigidas por el capataz Antonio Santiago y su equipo.

Este año la Cofradía cuenta con diversos estrenos:

- Banderín del Grupo Joven realizado por J. A. Grande de León con diseño original de Miguel A. Alonso. Reforma del asta del banderín por Orfebrería Delgado López.
 
- Pintura de la Gloria del techo de palio, obra de Luis Rizo.
 
- Juego de Potencias para el Señor de la Caridad, obra de Miguel Ángel Alonso.
 
- Restauración de la Bandera Concepcionista, por el bordador José Antonio Grande de León y por el pintor Luis Rizo (autor del óvalo).
 
- Juego de ropas del cuerpo de acólitos del Señor de la Caridad.
 
- Dos tandas de candelería para el paso de palio, obra de Orfebrería Andaluza.
 
- Marcha procesional “Señor de la Caridad” para agrupación musical, de Joaquín Caballero Payán.

viernes, 11 de abril de 2014

Misa preparatoria a la Estación de Penitencia y Juramento de Reglas de nuevos hermanos/as

Hoy día 11 de abril, Viernes de Dolores, celebramos D.m. Santa Misa preparatoria a la Estación de Penitencia, a las 20:00 h. en la Iglesia Parroquial.

En el transcurso de la misma, tendrá lugar acto de Juramento de Reglas de nuevos hermanos/as.


Se ruega la asistencia de los hermanos/as portando la medalla de la Hermandad.

domingo, 6 de abril de 2014

Evangelio 06-04-2014

Domingo 5º de Cuaresma
(6 de abril de 2014)

(Juan 11, 1-45)


En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo:

-- Señor, tu amigo está enfermo.

Jesús, al oírlo, dijo:

-- Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos:

-- Vamos otra vez a Judea.

Los discípulos le replican:

-- Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?

Jesús contestó:

-- ¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.

Dicho esto, añadió:

-- Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo.»

Entonces le dijeron sus discípulos:

--Señor, si duerme, se salvará.

Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural.

Entonces Jesús les replicó claramente:

-- Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.

Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:

-- Vamos también nosotros y muramos con él.

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:

-- Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.

Jesús le dijo:

-- Tu hermano resucitará.

Marta respondió:

-- Sé que resucitará en la resurrección del último día.

Jesús le dice:

-- Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?

Ella le contestó:

-- Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.

Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja:

-- El Maestro está ahí y te llama.

Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:

-- Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.

Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó:

-- ¿Dónde lo habéis enterrado?

Le contestaron:

-- Señor, ven a verlo.

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:

-- ¡Cómo lo quería!

Pero algunos dijeron:

-- Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?

Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa.

Dice Jesús:

-- Quitad la losa.

Marta, la hermana del muerto, le dice:

-- Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.

Jesús le dice:

-- ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

-- Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.

Y dicho esto, gritó con voz potente:

-- Lázaro, ven afuera.

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:

-- Desatadlo y dejadlo andar.

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Palabra del Señor.